
Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas sus fuerzas. Marcos 12: 30
Jóvenes hermanos, creo acá se resume y radica la victoria de cualquier cristiano y de cualquier ministerio que se haga para Dios. Cuando el cristiano, comprende como debe ser nuestra relación de adoración hacia nuestra Dios, es cuando las perspectivas toman forma y se materializan las ideas, que antes no tenian forma.
Como dijo nuestro Maestro, no importa si es en el monte o en Jerusalén, o en tu casa, o en tu templo, Dios quiere adoradores que lo hagan de corazón, que sientan pasión misionera, pasión por las almas, eso es amar a Dios. Y la pasión y la relación de un cristiano depende del amor que sienta por nuestro Señor.
Mas el fruto del Espíritu es amor...
Gálatas 5:22-23
Dios en su infinita misericordia permitió por un motivo claro que el amor fuera la primera evidencia de su presencia en nuestras vidas, y de ahí como consecuencia cada fruto del Espíritu tiene su lugar y su lógica, pero todo depende del motor de nuestra relación con Dios... el amor. Pero no cualquier amor, hablamos del Amor Ágape, que es el amor de Dios y que connota sacrificio y es totalmente desinteresado. el amor ágape es el verdadero amor, el amor de Dios, el amor divino, el amor oblativo.
Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él 1 Jn 4, 16
El fruto del Espíritu es el amor, porque es la principal característica de Dios, es el motivo de su obra y del sacrificio de su Hijo por la humanidad, sin ese amor, nada se habría realizado. Pero interesante es que ese amor debe ser oblativo como el de Dios, es decir recíproco, para que las bendiciones puedan fluir sin ninguna traba, por eso nuestra pasión hacia Dios, nuestro compromiso hacia Dios debe estar acompañado de sincero amor, para que nuestra adoración salga de lo más profundo de nuestras almas y sea de agrado para Él.
Dios está llamando a sus obreros a amarlo, a enamorarse perdidamente del evangelio y a ser imitadores de Él, que tenia pasión por la gente, que odiaba al pecado pero amaba y ama al pecador. No importa si es en el templo, con guitarra, batería, o debajo de un árbol solo con una voz desafinada, lo que importa es que la adoración que salga de nosotros sea llena de amor, de pasión por nuestro Dios, ese mismo Dios que siente amor y pasión por nosotros.
Nuestra adoración dice mucho de nuestra relación con Dios y nuestro amor habla de lo que de verdad somos en la obra, de nuestros hechos y frutos,
Llegó la hora de comprometernos, de amar, de adorar, trabajar y dar lo mejor a aquel que quiere una adoración completa y no a medias.
Fernando Pinilla
No hay comentarios:
Publicar un comentario