1 Corintios 3:1-3 “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales...
¿Qué somos como jóvenes? Me hago esa pregunta con la mayor seriedad del mundo. ¿En qué nivel estamos como cristianos? Cada día al levantamos estamos expuestos a mil pruebas, a mil oportunidades de hacer lo que Dios quiere o simplemente hacer todo lo contrario. Pero mi decisión sea correcta o incorrecta estará marcada por mi nivel de relación con Dios.
¿Cuántos sermones hemos escuchado?, ¿cuántas clases de escuela dominical?, ¿cuantos estudios en nuestras reuniones semanales de jóvenes? Y muchas veces ni un versículo de la Biblia nos sabemos, o nos da pena orar o ni siquiera sabemos orar, o sencillamente somos uno más del montón cuando estamos en el mundo, y cuando vamos a la iglesia es como un especie de club social para compartir con aquellos que nos caen bien, y nuestra reverencia en el culto es tan proporcionalmente grande como nuestro interés por una clase de física quántica...
¿Soy cristiano de verdad?, ¿en algún momento de mi vida reflejo a Cristo? Se que son muchas preguntas pero de verdad es un llamado a despertar, porque si mi día a día, no se diferencia en nada de aquellos que aún no han conocido a Cristo, entonces somos como aquellos de Corinto, aquellos que no podían comer aún un buen “bistec”, unos buenos “tostones”, porque no tenemos dientes más allá de nuestra edad avanzada. Porque no podemos enfrentar retos en Cristo, ni más compromiso, porque sencillamente aunque nacimos en hogares cristianos o conocemos a Cristo desde hace años, somos tan nuevos, como aquel que tomó la decisión justo ayer en la tarde.
Si somos de esos cristianos que necesitamos que todos los sábados y domingos nos hagan darnos cuentas de nuestra realidad, que nos hacen el favor de prestarnos un espejo para ver entonces que tenemos la cara sucia, porque ni siquiera podemos identificar nuestros propios defectos, arrepentirnos, entonces miremos que la palabra nos llama y nos define aún como carnales, es decir sin conocimiento de Cristo.
Basta de ser tibios, basta de no ser nada, porque vivimos en un mundo sin personalidad, sin definir posición; si seguimos al Rey o seguimos nuestro camino solos. Pero Dios no ama a los tibios, a los grises... Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca. (Apocalipsis 3:15,16. NVI)
Mírense en el espejo de Cristo y vean si aún son “niños de pecho” en Cristo, o si ya están en otro nivel más avanzado. Si tu respuesta es la primera, ora entonces y trabaja para crecer porque tu vida no agrada a Dios, y si tu respuesta es la segunda, sigue adelante, no creyendo que has logrado nada porque falta mucho camino por recorrer, y vendrán escollos, pero sabremos que estamos bien, cuando Dios sea parte de ese momento de tomar decisiones, y puede que dudemos o sencillamente lo hagamos fácil, y al final digamos: ésta es la voluntad de Dios!!!.
Fernando Pinilla
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario